Este pasado martes se ha cumplido medio siglo de la muerte de una de las más significativas vocalistas de la historia de la música popular, Patsy Cline. En aquel 5 de Marzo de 1963, la cantante de Virginia, perecía en un accidente aéreo junto a los artistas de country Hawkshaw Hawkins y "Cowboy" Copas, cerca de Camden, Tennessee. El productor Owen Bradley, dueño de sus propios estudios, fue una pieza clave en la carrera de Patsy. Para ella rescató piezas mágicas que marcaron el devenir de una mujer convertida en icono de la música en general, por encima de estilos y fórmulas. Los más variopintos artistas de cualquier género y de cualquier época han mirado a Patsy Cline como el ejemplo a seguir, admirada por vocalistas y músicos de todo pelaje. Reverenciada por las canadienses Terri Clark y KD Lang, veteranas como Emmylou Harris, Linda Ronstadt y Rosanne Cash, nombre mágicos del calibre de Norah Jones y Patty Griffin o soprendentes admiradores como Van Morrison e incluso Neil Young, Elvis Costello o Bob Dylan, que interpretaron alguna vez aquellas piezas que ella enmarcó en una voz poderosa e inimitable. Patsy Cline interpretaba un country-blues sugerente como pocos, cuyo estilo ha llegado hasta nuestros días. Cuando desapareció, era una estrella desde hacía poco más de cinco años, tenía 31 y, sin embargo, llevaba cantando más de una veintena. Muchos años antes de que Shania Twain, Faith Hill o Taylor Swift se convirtieran en los mejores ejemplos del crossover, Patsy Cline había encontrado la fórmula de aunar los gustos de los seguidores del country y el pop.