Al poeta británico Lord Byron le gustaba practicar ejercicio físico y cuantos deportes estaban a su alcance. Llegó, incluso, cuentan a realizar la proeza de cruzar el río Tajo de la orilla sur a la orilla norte a la altura de la ciudad portuguesa de Belem. Además de estas hazañas como nadador practicó boxeo, esgrima, equitación y gustaba de las buenas caminatas. Abundan en la historia los intelectuales con aficiones deportivas y atléticas, lo que no es tan frecuente es que hayan escrito sobre estas prácticas. Uno de los que sí lo hizo fue Edgar Allan Poe, Poe nos dejó un testimonio en boca de uno de los personajes de su obra El dominio de Arnheim de 1847, habla el protagonista de lo que llama "principios elementales" o "condiciones para la felicidad", el primero de los cuales es simple y puramente el ejercicio al aire libre. Cuenta esta anécdota el neurocientífico José Luis Trejo en su último libro Neuronas en marcha. No nos cabe duda de que el ejercicio contribuye a la felicidad, pero es que más aún el movimiento es una herramienta fundamental para moldear, proteger y potenciar el cerebro a lo largo de nuestra vida e incluso en las generaciones futuras. Hoy encendemos el fuego de la cueva para iluminar la neurociencia del ejercicio, para entender cómo moldea el deporte en nuestra salud neuronal y cómo nos afecta el sedentarismo.
Con Jaime García Cantero ponemos coordenadas al concepto de deep tech y en nuestro túnel del tiempo nos reencontramos con el director de cine Luis Buñuel.