Durante mucho tiempo en la historia de la música no existió una frontera clara entre el compositor y el intérprete. Quien componía, interpretaba; y quien interpretaba, también componía. Improvisar, variar, transcribir… todo formaba parte natural de la tarea de un músico. Pero a comienzos del siglo XIX, es verdad que algo empieza a cambiar. La figura del compositor comienza a desligarse de la del intérprete y, poco a poco, aparece la especialización: el compositor como creador, el intérprete como mediador. ¿Qué perdimos y qué ganamos cuando el compositor dejó de ser, ante todo, un intérprete de su propia música y la creación empezó a separarse de la interpretación? Mar Cano Lasso responde a esta pregunta caminando sobre la relación que hubo entre Schumann y Chopin.