Hasta 500 millones de dólares costó desarrollar el videojuego Destiny en 2015, y desde entonces, la tendencia de convertir videojuegos en verdaderas superproducciones que ya quisiera para sí Hollywood no ha cambiado. La técnica permite, y el mercado lo reclama, productos cada vez más elaborados, son proyectos donde intervienen cientos de personas, y con cientos, nos quedamos muy cortos. Esta es sólo una de la cara de un negocio multimillonario, la otra, son las producciones independientes, que elaboran videojuegos que siguen una estela distinta. Pero tanto en un caso como en otro, la técnica hace aflorar nuevas profesiones donde antes no las había, nuevas especialidades. Una de ellas es la del director narrativo, de la que nos habla Alberto OLibán Tenorio, de Fictiorama estudios.