La poesía no está tan alejada de la idea de la casa, como ya ha contado Mario Obrero en su sección "Un poeta en París", un concepto en el que profundizamos hoy hablando de la casa de la poesía. Y dice Mario que esta vez es más fácil hacerlo que nunca gracias al trabajo de Trampa Ediciones, de la mano de Carmen Berasategui y Gonzalo Escarpa, publicó hace unos meses y llamado "La casa del poeta", una antología que reúne a decenas de poetas muy diferentes, y los reúne en el hogar, que viene del latín "focus". Voces por ejemplo como la de Erika Martínez. A la poesía, continúa Obrero, como a las casas, no se les puede negar su estructura y cimientos. Seguimos con un poema de Laura Casielles y hablamos de su progresión sutil. Y con sutileza nos marchamos a la casa que habitaron las hermanas Zambrano durante su exilio en Roma, "La casa roja de la poesía", que pudieron habitar hasta una treintena de gatos. Hablamos del próximo como una casa a la que acudir y desde donde ser casa a la vez y saltamos a un nostáligo poema de Amalia Bautista que nos habla de una casa en constante cambio. No nos olvidamos de esa casa marina y lumínica que Julia Piera describe en sus versos ni de la reflexión de Estíbaliz Espinosa, cuando dice que una casa es un voz y un lugar que poblar. Despiden la sección esta semana los versos del poeta Alberto Conejero y la música de Silvio Rodríguez.