En sincronía con las estaciones, la vegetación terrestre se desplaza como una ola desde el hemisferio norte hacia el hemisferio sur y viceversa cada año, describiendo una oscilación constante y medible. Es lo que observa desde hace décadas la comunidad científica a vista de satélite determinando que el cinturón verde del planeta alcanza su posición más septentrional a mediados de julio, en el Atlántico Norte, cerca de Islandia, y su punto más meridional en marzo frente a la costa de Liberia.
Pero cuál ha sido su sorpresa cuando ha detectado un desplazamiento constante hacia el norte que no estaba previsto en sus hipótesis. Además de este avance hacia el norte, ha confirmado un giro inesperado hacia el este del cinturón verde que ha provocado focos de reverdecimiento en India, China, Europa y Rusia.
La razón de que el cinturón verde avance hacia regiones antes menos exuberantes sería el aumento general de la densidad de vegetación a escala mundial por el incremento de las concentraciones de CO₂ en la atmósfera que actúa como fertilizante, mientras que las temperaturas más altas alargan las temporadas de crecimiento en muchas zonas. Así lo confirma un estudio liderado por la Universidad de Leipzig y el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad, con la colaboración de la Universidad de Valencia y otras instituciones internacionales. Por primera vez, la ciencia cuenta con una brújula capaz de medir con precisión cómo se reorganiza la superficie viva del planeta en un mundo que no deja de calentarse.