El Bisfenol A es una sustancia química perjudicial para la salud utilizada en la fabricación de ciertos plásticos y resinas que está presente en envases alimentarios que consumimos cada día. Lo encontramos en envases de bebidas y de alimentación como latas de conservas, donde separan el alimento del metal. Investigadores y ecologistas reclaman eliminar esta sustancia tóxica, pero de momento no se va a prohibir al menos hasta que el reglamento europeo así lo indique.
Y eso a pesar de que hace años que estudios científicos demuestran que este compuesto tóxico funciona como un disruptor endocrino. Es decir, que interfiere en el comportamiento de las hormonas. El investigador Nicolás Olea lo relaciona con el desarrollo neuroconductual en los niños, el déficit de atención e hiperactividad, la obesidad, la diabetes en el adulto o el cáncer hormono-dependiente. En 2011 la Unión Europea prohibió el uso de Bisfenol A en la fabricación de biberones. Y ahora, coincidiendo con la tramitación de la nueva Ley de Residuos, se ha publicado un nuevo estudio, liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona, que advierte del mayor riesgo de asma y sibilancias en niñas por su exposición prenatal a esta sustancia química.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha señalado que pequeñas cantidades de esta sustancia química pueden migrar de los materiales que la contienen a los alimentos y bebidas que estén en contacto con ellos, pudiendo dañar los riñones, el hígado, las glándulas mamarias y el sistema inmunológico. Precisamente, estudios que indican efectos adversos de esta sustancia en el sistema inmunitario han hecho que la autoridad europea en la materia decida modificar la recomendación de ingesta tolerable diaria, fijándola en 0,04 nanogramos por kilo de peso corporal. Sostiene Olea que es cien mil veces menos de lo que es legal que son 4 microgramos por kilo de peso y día.