Las intensas lluvias de las últimas semanas han llenado de agua el suelo de nuestros bosques. Es un agua invisible a simple vista pero clave para la salud de los ecosistemas forestales ya que los refuerzan frente a futuras sequías.
A pesar de ello, el planeta ya ha llegado a la bancarrota hídrica global de la que podría no recuperarse, según la ONU. El organismo internacional advierte que el familiar término de «crisis hídrica» ya no refleja la magnitud del problema actual. Muchas cuencas fluviales y reservas subterráneas han sufrido daños irreversibles que las han llevado a un punto sin retorno.
El último informe de Naciones Unidas marca pues un antes y un después en la forma de entender el problema del agua. Y cuenta la verdad incómoda de que muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades hídricas. Las señales más alarmantes se concentran en el Oriente Medio y el Norte de África, donde la sobreexplotación histórica ha reducido acuíferos y ríos. A lo que se suma el sur de Asia, con una demanda creciente. También el suroeste de Estados Unidos donde el río Colorado y sus embalses reflejan décadas de consumo por encima de su capacidad real.
Así, muchos países no solo han vivido por encima de sus posibilidades hídricas sino que además han agotado sus ahorro a largo plazo en ríos, acuíferos, glaciares y humedales.
En éstos últimos, la pérdida es catastrófica: 410 millones de hectáreas han desaparecido en los últimos 50 años, lo que equivale a la superficie de toda la Unión Europea.
Las consecuencias para la población mundial son dramáticas y cada vez más evidentes en la vida cotidiana. La ONU reclama una nueva agenda hídrica global que reconozca formalmente el estado de bancarrota. Y planifique una gestión más justa y sostenible del agua lo que requiere cooperación internacional, protección de ecosistemas y decisiones políticas de largo plazo que prioricen el cuidado de este bien finito y tan escaso.
Haz gestos…