Nos llamó la atención el reclamo de su nombre: un espacio dedicado a esa pequeña y sabrosa tapa, tan tradicional como familiar, la croqueta.
Y cuando nos acercamos hasta la calle Segovia de Madrid para conocer la propuesta gastronómica de Chema Soler, descubrimos desenfado y elegancia; una cocina plena de matices, de guiños seductores, pequeñas cazuelitas que desbordan pasión.
Y ese descaro que aromatiza cada plato se deja sentir en algunos de los ritmos que adornan su vida cotidiana; su tarjeta de presentación es una muestra evidente de la influencia femenina en la razón de este joven cocinero valenciano: Ramalama, firmada por Roisin Murphy.
A partir de este punto, devaneos musicales de su juventud, llenos de tensión y electricidad rockera, desenfreno electrónico, a cargo de los maestros Chemical Brothers, y un guiño final a nuestro querido DJ Floro, con su Malanga Ska. Diversidad y buenos alimentos!!!