Visitamos la nueva instalación permanente del Museo del Prado: la reproducción de la bóveda de la Capilla Herrera de la Iglesia de Santiago de los Castellanos en Roma con los frescos originales de Annibale Carracci. Conocemos su historia.
Hoy detenemos nuestra palabra en el Museo del Prado, en un nuevo espacio que los visitantes de la pinacoteca podrán disfrutar a partir de ahora en su recorrido: La recreación en una de sus salas de lo que fue la bóveda de la Capilla Herrera de la Iglesia de Santiago de los Castellanos en Roma, una capilla ya desaparecida pero de la que conservamos los frescos con los que la adornó uno de los artistas clave del barroco del siglo XVII, Annibale Carracci. En total, en el Museo del Prado se guardaban siete de las 19 piezas en que se fragmentaron los frescos. Ahora se han colocado para su exhibición permanente tal y como, de acuerdo a los grabados y las guías de viaje que se conservan de la época, era su distribución original. Se recupera la perspectiva con la que Annibale Carracci los concibió y su carácter narrativo. Los frescos hablan de los milagros de San Diego de Alcalá, un santo al que el dueño de la capilla: el acaudalado banquero palentino, Juan Enrique de Herrera, atribuía la curación de su hijo. No están solos. En las paredes de la sala, se han distribuido lienzos de artistas que ayudaron a Carraci a finalizar su obra cuando el pintor cayó enfermo, en 1605.