Este libro, publicado por Editorial Barrett, explora la experiencia del cuerpo como territorio narrativo, un tema recurrente en la literatura contemporánea, en los podcasts literarios y en las conversaciones actuales sobre identidad, mirada y diferencia. Porque a veces el dolor íntimo se vuelve visible: la gente mira, observa, señala.
¿Alguna vez te has sentido incómodo —o incómoda— dentro de tu propio cuerpo? Como si hubieras nacido en un molde defectuoso, desajustado desde el origen. Esa sensación íntima de extrañeza corporal, de no encajar, de intentar cambiar, corregir o reconciliarte con tu propia forma de estar en el mundo; una experiencia que muchas autoras y activistas han nombrado desde la escritura, como hizo Claudia Rodríguez, travesti y activista, al convertir el cuerpo disidente en palabra, memoria y resistencia.
Este libro, publicado por Editorial Barrett, explora la experiencia del cuerpo como territorio narrativo, un tema recurrente en la literatura contemporánea, en los podcasts literarios y en las conversaciones actuales sobre identidad, mirada y diferencia. Porque a veces el dolor íntimo se vuelve visible: la gente mira, observa, señala. Lo que antes era un conflicto interno se transforma en un gesto público. Incómodo para algunos, fascinante para otros. Indiferente para nadie.
Esta es la historia de una hija no deseada, de una mujer que tuvo que aprender a explicar con palabras cómo le ardían los ojos, cómo se construye el rechazo y cómo se habita un cuerpo señalado. Una autora que se sintió deforme y bella, monstruosa y poderosa al mismo tiempo. Salvaje, perversa y mágica. Una mujer que experimentó pronto que existen cuerpos para odiar y que entendió que narrarlos es también un acto literario, político y profundamente humano.
Si te gustan los podcasts sobre literatura, si eres amante de la escritura autobiográfica, si te interesan los autores que escriben desde el cuerpo y no te importa leer historias en las que la palabra sirva para nombrar lo que incomoda, lo que duele y lo que transforma, la mezcla de 'Oreja de perro' y 'Cuerpos para odiar' puede ser tu refugio sonoro.