Manuel Campo Vidal destaca la importancia de cuidar nuestros propios hábitos de comunicación para transmitir mejor los mensajes. Muchas personas comienzan sus intervenciones con muletillas como: “Bueno, pues… yo quería decirles hoy…” o incluso: “Bueno, pues, buenas tardes”.
Estas expresiones restan energía y diluyen el impacto inicial. Conviene limpiar el lenguaje y empezar directamente por la idea principal, sin ese “Bueno, pues”, que no aporta nada y debilita la entrada. Lo mismo ocurre al cerrar una intervención: es habitual escuchar discursos sólidos que pierden fuerza en la última frase.
Incorporar palabras emocionales y más vivas en nuestro discurso cotidiano en presentaciones, conversaciones o intervenciones públicas, hace que el mensaje resulte más cálido, cercano y memorable.