En Agencia de Detectives, con José Antonio Marina, nos preguntamos hoy: ¿es verdad que el poder corrompe? Esta idea sugiere, en primer lugar, que el poder es una pasión, y como ocurre con todas las pasiones, tiende a desbordarse si no se controla. Esto no significa que todas las personas poderosas sean unos sinvergüenzas; de hecho, hay muchísimos políticos profundamente honestos. Lo que señala Marina es que el poder altera la perspectiva, incluso sin que el propio poderoso sea consciente de ello.
La gente cambia sin darse cuenta cuando llega al poder. A ese fenómeno se le llama coloquialmente “el síndrome de la Moncloa”, una forma de describir cómo la distancia, la presión y la responsabilidad pueden transformar la manera de ver el mundo.
Y ahora, la pregunta del concurso: ¿Cómo se llamaba aquel personaje romano tan poco intoxicado por el poder que el Senado tuvo que ir a ofrecérselo mientras él seguía tranquilamente cultivando su campo?