No eran molinos. Clásicos de la literatura española Sonetos, de Francisco de Aldana03/04/2026
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A Francisco de Aldana lo admira mucho otro Francisco, de Quevedo, que lo llamará “doctísimo español, elegantísimo soldado, valiente y famoso soldado en muerte y en vida”. Para Miguel de Cervantes, que tanto trabaja y se desvela, por parecer que tiene, de poeta, la gracia que sí quiere darle el cielo, Francisco de Aldana está a la altura de Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Y, dentro de esa otra edad de oro que es nuestra Edad de Plata, será un poeta leído con pasión: Luis Cernuda, entre la realidad y el deseo, o a través de su desolación de la quimera, lo estudia en su obra Tres poetas metafísicos. Sin embargo, ¿qué sabemos realmente del poeta y soldado Francisco de Aldana? Su hermano Cosme publicará su obra lírica en dos entregas: en Milán, en 1589, y en Madrid, en 1591. A su compilación debemos que haya llegado hasta nosotros un extraordinario sonetista, con esa decepción ante el ardor guerrero, el uso de la fuerza y el afán de la gloria: porque Francisco de Aldana terminará habitando el desencanto de cualquier epopeya militar que lo tenga por protagonista. Vivirá, siguiendo la palabra poética futura de José Manuel Caballero Bonald, su propio descrédito del héroe. Ya no aspira a las armas, sino a la contemplación de la vida, en la naturaleza, con la serenidad completa de sí mismo, en el orden del tiempo.

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