Parece ser que alguien pregunta al novelista y diplomático Juan Valera sobre la autenticidad de la vocación religiosa de Nicomedes-Pastor Díaz Corbelle, abogado de una profunda fe católica, y poeta romántico. La respuesta del autor de Pepita Jiménez y Juanita la Larga no dejará lugar a dudas: sabe que Díaz Corbelle no sólo reza cada día el breviario, sino que él mismo le ha confiado, en ocasiones, que habría querido ordenarse sacerdote. Sin embargo, unas misteriosas “obligaciones especiales” se lo han impedido. Puede deberse a su carrera política, agitada en las aguas levantiscas del siglo diecinueve; o quizá a una historia invisible, de amores al fondo de su escena que se van apagando, como fantasmas envueltos en su niebla de olvido, cada vez más borrosa, aunque sus fogonazos poéticos él los rescatará para la vida.