Revisitamos hoy la Tercera Sinfonía "Renana" de Robert Schumann, escrita en noviembre de 1850 ¡en un mes y pico!, con la re-orquestación que hizo Gustav Mahler, uno de los más potentes orquestadores de la historia.
Robert y Clara Schumann (y sus seis hijos) vivían una época espléndida cuando se trasladaron a Düsseldorf, a orillas del gran río Rhin, por el trabajazo que le habían dado a Robert: Director Musical de la ciudad.
La Sinfonía Renana es muuuy luminosa y muy cercana, y recoge aires de canciones populares, o de bailes incluso (como el Ländler o vals campesino del segundo movimiento). Casi la puedes cantar de principio a fin. Pero todo esto, combinado con ese "don arquitectónico" que tenía Schumann.
Uno de los momentos más subyugantes es el cuarto movimiento, que se sitúa en la impresionante Catedral de Colonia, que Robert y Clara habían visitado en septiembre. Era la catedral más alta del mundo en aquellos tiempos. Schumann dijo que no sólo el cuarto movimiento, sino que toda la Sinfonía se había inspirado en aquella catedral, quizá un poco por su magnificencia y sobre todo porque las gentes del Rhin iban a sus puertas a festejar, lo cual incluía bailar.
El mejor Robert Schumann, queridas y queridos. Y el mejor Mahler: podéis ver cómo las trompetas, trompas, trombones... remarcan las ideas "ocultamente grandiosas" en Schumann, y cómo Mahler sitúa trompas "en la lejanía", o cómo pone de relieve los contrapuntos internos de Schumann. Mahler le añade unos grados de épica a su admirado Robert Schumann. Poderío y sano vitalismo tenemos hoy.