Música de las Américas Domenico Zipoli17/03/2013

Habemus Papam. Y procede del Nuevo Mundo. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, jesuita y argentino ha sido el candidato elegido por el cónclave para renovar la Iglesia en el umbral del Tercer Milenio. Asume el nombre de Francisco en clara referencia a San Francisco de Asís y a San Francisco Javier, toda una declaración de intenciones sobre el regreso a la naturaleza y a la esencia desprovista de boato y ornamentos que se concreta en su perfil humilde, austero y en comunicación directa con los ciudadanos. Se trata del primer Papa latinoamericano y también del primer Papa jesuita hasta el momento. Estos dos datos tan reveladores no dejan indiferente a nadie y menos aún en el ámbito de la música colonial iberoamericana¿ ¿Sabían que otro jesuita hizo el camino inverso a Bertoglio y se convirtió en un eficaz músico al servicio de la evangelización? Él fue Doménico Zípoli un jesuita italiano que vivió a caballo entre los siglo XVII y XVIII .

Muchas han sido las incógnitas sobre la vida de Domenico Zipoli y hasta se ha llegado a especular si en verdad, existió realmente. Las dudas comenzaron a disiparse a partir de 1940 cuando un investigador encontró la huella biográfica de Zipoli en unos archivos de la Compañía de Jesús. Nacido en la Toscana, hacia 1688, Zipoli fue discipulo de Scarlatti en Nápoles y de Bernardo Pasquini, en Roma. Fue en dicha ciudad donde trabajó como organista de la Iglesia de los jesuitas y allí pareció sentir la vocación religiosa, que le llevó a cortar con una carrera prometedora en Italia, para marcharse a Sevilla y a Cádiz, desde donde se embarcó rumbo a las Américas como un jesuita más de los que iban a las misiones coloniales.

En su tarea evangelizadora, la Compañía de Jesús utilizó la música como un poderoso instrumento de comunicación aprovechando su capacidad persuasiva para mover los afectos y hacer partícipe al individuo de una manifestación artística colectiva. El primer contacto de comunicación con los pueblos indígenas no pudo ser a través del lenguaje hablado o escrito, sino a través de la música y del lenguaje no verbal.

Y quien supo llevar a la perfección este modelo de pedagogía musical al servicio de la evangelización fue sin lugar a dudas Domenico Zipoli. Él es el gran maestro que inspira el estilo del barroco misional. En 1716 Zipoli rompió con su brillante carrera en Roma para embarcarse como miembro de la Compañía de Jesús. Se asentó en la Córdoba argentina y desde allí se encargó de la música en las reducciones jesuíticas repartidas por un extenso territorio que ahora se distribuye entre Bolivia, Argentina y Paraguay, convirtiéndose en el referente de un estilo muy particular, el barroco misional que después cultivaron los propios músicos indígenas quienes habían recibido las enseñanzas de los misioneros.

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