La guerra ya no se anuncia: estalla. El Libro IX de la Eneida de Virgilio es un canto brutal, heroico y profundamente trágico. Eneas está ausente, pero su sombra lo cubre todo. Mientras busca aliados, Turno, impulsado por la diosa Juno, lanza un ataque devastador contra el campamento troyano.
Entre el furor de la guerra y el asedio, brillan dos nombres inolvidables: Niso y Euríalo, dos jóvenes inseparables que se embarcan en una misión suicida durante la noche para avisar a Eneas. Matan, huyen, caen. Mueren juntos, como en una tragedia griega. Su historia es el corazón emocional del canto: una elegía de amor, coraje y sacrificio, donde Virgilio detiene la épica para mostrarnos la humanidad más desnuda.
Mientras tanto, Turno se convierte en un torbellino de violencia: entra solo en el campamento enemigo, mata sin piedad y podría haber ganado… pero su sed de sangre lo ciega, la “hybris” le pierde, y los troyanos se salvan. La guerra, como Roma, se forja en derrotas y la unidad frente a la adversidad.
Virgilio refleja los horrores de la guerra, hace más de dos mil años, como en Stalingrado, Okinawa o Normandía: sangre, lanzas, cabezas cortadas y madres que gritan ante sus hijos muertos.
Virgilio no embellece la guerra. La retrata con crudeza, como un director de cine moderno. Aquí no hay gloria gratuita. Solo el precio de fundar un imperio.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual para leerlos. La banda sonora del episodio 9º de la Eneida está formada por: la band sonora de Enjott Schneider para la película Stalingrado de Joseph Vilsmaier; la banda sonora de Rupert Gregson-Williams para Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge), dirigida por Mel Gibson; La cabalgata de las valquirias de Richard Wagner, inmortalizada en Apocalypse Now de Francis Ford Coppola; y la banda sonora de Angelo Badalamenti para la película Stalingrado, esta vez dirigida por Fedor Bondarchuk.
La imagen corresponde a un fotograma de la película “Salvar al soldado Ryan” de Steven Spielberg (1998