Desde que en el siglo pasado se quedó con el taller, entonces fabricaban ropa para el ejército y los monjes, Cecilio Valgañón empezó a investigar qué podía confeccionar en los telares. Su afición al canto le llevó a Madrid y allí conoció materias primas nunca utilizadas en nuestro país: el Mohair, Cashemere y la Alpaca. Desde 1930 comenzaron primero a confeccionar mantas de viaje y después las mantas de los sofás, junto a otros complementos como bufandas, echarpes o foulards.
Sus prendas se pueden encontrar en los establecimientos más prestigiosos de Japón, Rusia, Brasil, Estados Unidos y Europa y además confeccionan para marcas como Hermés, Armani o Loewe, entre otras.
Desde que llega la lana a la fábrica, situada en el municipio riojano de Ezcaray, tiene que pasar por casi 20 procesos hasta que llegan a nuestro sofá. No es de extrañar, por tanto que una siesta con una manta Ezcaray no tenga comparación con ninguna otra.