Las mañanas de RNE con Josep Cuní se fija, en la noticia científica, en la obesidad. Un estudio publicado en la revista científica Nature Metabolism ha descubierto que podría tener su origen en el cerebro. Según los resultados de la investigación, apenas cinco días ingiriendo comida basura (dulces, refrescos y otros productos ultraprocesados) son suficientes para que los patrones cerebrales de una persona sana pueden verse alterados tanto a nivel de resistencia a la insulina como a nivel del sistema de recompensa. Ana Belén Crujeiras, vocal de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), explica que "de alguna manera se estropea el sistema de control de apetito que tenemos a nivel cerebral". Señala que cuando se consumen alimentos altos en grasa o en azúcar, "se desactiva este sistema y disminuye la sensibilidad a la insulina, que es la que va a llevar la señal del control del apetito".