En estos próximos programas os quiero hablar de un personaje histórico fabuloso y tristemente poco conocido a pesar de haber vivido una auténtica epopeya viajera, os hablo del capitán de los tercios Domingo Toral y Valdés, quien en el siglo XVII sirvió en Flandes y acabó recorriendo la India, la península arábiga, Irán, Irak y Siria.
Sin embargo, la relación del capitán Domingo de Toral y Valdés es única en el sentido de que se trata de la crónica puntillosa pero sin adornos de la hoja de servicios de un militar profesional, obligado a vivir circunstancias excepcionales más allá de lo que sería el teatro de operaciones ordinario de un soldado de la época pues sus peripecias le llevarían al golfo pérsico, al África oriental, a Persia y Oriente Medio. Las razones del texto apuntan más a la búsqueda de una consecuencia práctica en forma de pensión que a la gloria literaria que nunca alcanzó pues su relación no se publicó durante su vida sino siglos después de su muerte.
Su relato abarca dos frentes muy distintos. Flandes de 1615 a 1625 y La India de 1629 a 1634. A los Países Bajos llega como soldado novato durante la tregua y le pilla de lleno el comienzo de la Guerra de los Treinta Años en 1619. No describe una gloriosa campaña, sino muy al contrario, una contienda de trincheras embarradas terriblemente planificada donde la mayor parte de las bajas son por enfermedad y ordenes nefastas. No obstante, destaca el sentimiento de camaradería y el afecto y respeto al hablar de los compañeros, como de ese García Pimentel que a pesar de ser hijo de noble, peleaba y sufría como un soldado más.