La radio iba a acabar con los periódicos y los libros, la televisión iba a acabar con la radio, el cine iba a acabar con el teatro, las series iban a acabar con todo, pero frente a todos estos miedos y tópicos lo único cierto es que hay un actor, productor y director teatral que ha podido con todo, demostrando que, además, puede haber tiempo para todo. Es José María, Josep María Pou, a quien recibimos como invitado de “La España vivida” en un paréntesis entre montajes y rodajes, entre lecturas y guiones, para que nos de su particular versión de la reciente historia de España, es decir, de sus conclusiones desde la atalaya que proporciona el mundo de la representación y el espectáculo. Pou nació en Mollet del Vallés el 19 de noviembre de 1944, cuando los alemanes aún ocupaban media Europa y el primer ministro británico era Winston Churchill. Y en España lo que había era una penosa posguerra. Desde entonces, Pou lo ha visto todo, con la ventaja de poseer una mirada a la que no se le escapa nada. Ha compartido escenario con los más grandes, ha rodado con los mejores directores, ha sido Sócrates, Cicerón y el capitán Ahab, de Moby Dick,ha sido el Rey Lear, ha representado a Shakespeare en Londres y, menos el balón de oro, ha obtenido todos los premios imaginables, en Madrid y en Barcelona, por encima de avatares y rivalidades. José María Pou, en suma, es un milagro de la naturaleza y la mano izquierda, una fiera con pausa, un personaje que transmite bulliciosa tranquilidad y frenético equilibrio. Y, más difícil todavía, pronto estrena una película en la que, desde sus casi dos metros de altura, es Jordi Pujol con su familia.