La elección de León XIV ha traído a la actualidad la tarea misionera de la Iglesia católica: se ha conocido que Robert Francis Prevost ha pasado gran parte de su vida fuera de su país natal, Estados Unidos, ejerciendo como misionero en Perú. Tal ha sido su vinculación con este segundo país, que comparte la nacionalidad norteamericana con la peruana.
Pero Estados Unidos no solo es un país origen de misioneros, también destino. En el siglo XX, uno de los más célebres es el español Segundo Llorente: jesuita, nacido en Mansilla Mayor (León) en 1906, llegó a Alaska por petición propia en el verano de 1935. Allí se instaló y allí convivió durante cuatro décadas con la población inuit (los “esquimales”, como él los llamaba), con sus mismas y durísimas condiciones: vestía con pieles de animales, se trasladaba en trineo o comía su dieta de salmón seco y grasa de foca. Su identificación con ellos fue tal, que le eligieron por aclamación como su primer representante en el Congreso de Estados Unidos cuando Alaska se convirtió en el 49º Estado de la Unión: no se había presentado a la elección, su nombre no aparecía en las papeletas, pero la ley permitía que se anotara el nombre de otros candidatos y los inuits escribieron masivamente el suyo.
Solo volvió a España en una ocasión, en 1963, viaje en el que se realizó esta entrevista. En ella comenta qué le impulsó a elegir Alaska y cómo es el pueblo inuit, recurriendo a alguna anécdota para ello. Falleció en 1989, en Estados Unidos, y fue enterrado en un cementerio reservado en exclusiva para nativos a petición de ellos mismos.