Entrevista a Carmen Conde en 1984 en el programa 'Conversaciones'.
El 9 de febrero de 1978 en España se daba un paso fundamental en la igualdad entre hombre y mujeres: Carmen Conde era elegida académica de la Lengua. La primera en los 265 años de historia de la Real Academia, fundada en 1713.
No hubo sorpresa, los académicos habían acordado previamente designar a una mujer para la silla K, vacante tras la muerte de Miguel Mihura. Sus rivales, Carmen Guirado y Rosa Chacel, favorita de la prensa. Tal vez por esta razón, la escritora no esperaba la elección y los periodistas la pillaron "vestida de andar por casa".
Conde manifestó su alegría por la importancia de la elección no solo para ella, sino para todas las mujeres. Añadía también "los tiempos han cambiado, y la misma Academia se ha dado cuenta. Ya no son los días en que doña Concepción Arenal decía que la mujer sólo podía ser estanquera, reina o puta. Ahora también podemos ser académicas, gracias a Dios".
La falta de antecedentes alentó comentarios -humorísticos, eso sí- sobre la forma en que debía vestir el día en que leyera su discurso de ingreso ("no pienso llevar frac, ni tampoco espadín") o la necesidad de contar con un servicio de señoras, del que carecía la Academia hasta entonces.
Carmen Conde trabajó para tratar de eliminar el machismo imperante en la lengua y en la Academia. Pese a lanzarles más de una pulla, siempre defendió el trabajo de sus compañeros académicos, como demuestra esta entrevista realizada por Elvira Huelbes en 1984 para el programa Conversaciones, de Radio 1.
En ella, narra episodios de su infancia y juventud, habla de su amistad con otros escritores o de la educación recibida por las mujeres (ella misma tuvo que aprender a coser o a cocinar). Se declara profundamente creyente —"tengo ese atraso", afirma con ironía—, feminista —pero "sin pancartas por las calles"— y se enfada cuando se la tacha de conservadora. Mujer valiente, aprendió a aceptar la alegría y la pena en la vida.
Su elección como la primera académica fue portada en medios de comunicación de todo el mundo. Lamentablemente, se la sigue recordando más por ella que por su enorme talla como escritora.