La lista 2022 de Aloma
Lo mejor del año. Un abecedario con mis lecturas preferidas
Aloma Rodríguez
A, de Annie Ernaux, claro. 2022 ha sido su año: ha ganado el Nobel, ha estrenado una peli y ha publicado libro nuevo, Le jeune homme, que llegará a España en marzo. Cabaret Voltaire recuperó su primera novela la pasada primavera, Los armarios vacíos, y hace unos meses, La ocupación, el primer libro de Ernaux que leí.
B, de Benidorm, donde transcurría la novela de Esther García Llovet Spanish Beauty, con la policía corrupta obsesionada con un mechero, una novela rápida y directa con la que abre una nueva serie: la trilogía de los países del Este.
C, de centenarios (y aniversarios más o menos redondos): Mekas, Vonnegut, Ulises…; en 2023 se cumplirán 100 años de la muerte de Katherine Mansfield; este se han cumplido cien de la muerte de Proust.
D, de debuts. No sé si ha habido algún debut debut, ha habido mucho debut en un género, por ejemplo, poetas que se pasan a la novela, Violeta Gil con Llego con tres heridas y Ángela Segovia con Las vitalidades, Yuliana Ortiz Ruano con Fiebre de carnaval un guionista que se pasa a la narrativa, Fernando Navarro con Malaventura, quizá Manuel Pacheco y Laura Carneros han sido los más debuts.
E, de Emanuele Trevi, el autor de uno de los libros que más me ha conmovido de 2022, Dos vidas, el retrato de dos amigos escritores: Pia Pera y Rocco Carbone.
F, de frase; por el maravilloso ensayo de Brian Dillon Imaginemos una frase, que reúne 27 textos, cada uno dedicado a una frase de otro escritor que le gusta, y cada texto tiene una extensión variable. El libro es una maravilla
G, de Grecia; país al que se traslada la familia compuesta por un matrimonio de escritores y sus dos hijos. En Cantos de sirena, Chamian Clift cuenta cómo hizo realidad lo que para muchos es una fantasía: irse a vivir al sitio al que irías de vacaciones en busca de paz, una vida un poco más barata, más tiempo para uno, etc.
H, de hijo (Halfon, Lafon). Aquí podemos citar Un hijo cualquiera, de Eduardo Halfon; Historia del hijo, de Marie-Hélène Lafon; si hay un hijo o una hija hay una madre, como en Mi libro madre, mi libro monstruo, de Kate Zambrano, o un padre, como en De ese miedo vengo, de Miguel Ángel Oeste. Podría ser también H de herencia, y entraría tanto La vida anterior, de Donald Antrim, como De cómo recibí mi herencia, de Dorothy Gallagher, todo un descubrimiento para mí.
I, de isla de Farö; conocida como la isla de Bergman. Aquí hago un triplete y cuelo la película de Mia Hansen Love, La isla de Bergman, la novela de Bergman Niños de domingo y el libro de Linn Ullman, la hija menor de Bergman sobre su padre, Los inquietos.
J, de Jackson, Shirley. Este año se ha traducido Hangsman, que no he terminado pero que me está gustando mucho, y sobre todo, pasé muchas tardes de verano leyendo en la piscina Life among savages.
K, de Krauss, Nicole; autor de uno de los libros que más me han gustado: Ser un hombre; son cuentos, como otro libro que me encantó, Nos queda lo mejor, y aunque no se parecen en lo formal ni en lo temático ni en el tono, comparten un cierto espíritu al mirar a los hombres.
L, de líquido. Ya no hay novelas puras, o casi, la ficción apenas existe, es todo autoficción, como dice el narrador de Montevideo, uno de los libros del año, de la rentrée, sin duda. El mal dormir es un ensayo que se lee como una novela de aventuras. Hay también zona gris dentro de la no ficción, como en Ahora imagino cosas, de Julián Herbert, donde la crónica y la autobiografía se mezclan. Ese cruce de realidad y ficción no se da solo en los libros, aparece en algunas de las pelis que más me han gustado, como Tenéis que venir a verla, de Jonás Trueba, La novelista y su película, de Hong Sangsoo o Diarios de Otsoga, de Miguel Gomes y Rita Fazendeiro.
M, de muerte de la imaginación: El problema no es que no haya invención en cuanto a lo que se cuenta, el problema es la falta de imaginación en lo formal. Por cierto, parece que de los pocos que luchan por salvar la imaginación es Gonzalo Suárez, cuyo libro de relatos El cementerio azul es todo un prodigio. También Natalia García Freire con su Trajiste contigo el viento.
N, de Nada más, el último libro de Marguerite Duras, se lo dictó a su compañero, Yann Andrea, que iba anotando las frases que Duras decía. El libro es un testimonio de una vida que se apaga: “¿Tiene título para su próximo libro?”, le pregunta él. Y ella responde: “Sí, El libro por desaparecer”. Otro día: “¿Para qué sirve escribir?”; “Para poder callar y hablar al mismo tiempo. Escribir. Significa también cantar de vez en cuando”.
Ñ, de año: Un año entero, de Isabel Minhós Martins y Bernardo P. Carvalho, calendario almanaque para observar los cambios en la naturaleza a lo largo del año. En mi casa lo ha dejado Papá Noel, así que no puedo decir mucho aún.
O, de Ottessa Moshfegh, autora de Nostalgia de otro mundo, un libro de cuentos asombroso, de mis favoritos del año, precisamente por los riesgos que corre, lo bestia que es, lo libre que es.
P, de porno. Lo digo por Memorias de una beatnik, de Diane di Prima; algo así como unas memorias apócrifas que la poeta vendió a una editorial erótica que le pedía siempre más escenas de sexo.
Q, de Quentin Blake, escritor e ilustrador que cumplió 90 años el pasado 16 de diciembre. También contiene la Q, Busquets, Milena, autora de Las palabras justas
R, de Real Estate, título original de Una casa propia, la tercera entrega del tríptico autobiográfico de Deborah Levy, que se ha convertido en uno de mis libros de cabecera.
S, de solemne. Todo se ha vuelto un poco solemne, afortunadamente hay quien aún hace pedorretas a los cariacontecidos: Rubén Martín Giráldez, con su novela Sagrado y desagrado, o Posy Simonds en el volumen Mundillo literario que reunía las tiras cómicas en The Guardian.
T, de tocho. Ha sido el año de los tochos, y la tendencia se ha acentuado en la rentrée. Y quizá de entre todos los tochos destaca, porque me lo he leído, El otro lado, el libro que reúne la obra periodística de Mariana Enriquez, que es una absoluta maravilla.
U, de universidad; el mundo que satiriza Los puntos ciegos, una novela magnífica de Borja Bagunyà.
V, Vep, Irma Vep, la serie de Olivier Assayas sobre el mundo de las series y las plataformas y la asfixia de los creadores. Alicia Vikander con un mono negro y mi actor favorito, Vincent Macaigne, no se puede pedir nada más…
W, de Watergate. Doy un rodeo para llegar a Nora Ephron a través del que fuera su marido, Carl Bernstein, uno de los que destapó el caso del Watergate. De Ephron se publicó No me acuerdo de nada y, hace unos días, ya sobre el pitido final, Anagrama ha reeditado Ensalada loca y la novela Se acabó el pastel, donde precisamente convierte en una ficción tragicómica el fin de su matrimonio con Bernstein.
X, la dejo libre para olvidos y súplicas.
Y, contiene: Nueva York; la ciudad aparece sobre todo en dos libros de dos de mis escritoras favoritas: Historias de Nueva York, de Elizabeth Hardwick y Grand Union, libro de relatos de Zadie Smith.
Z, de Zambra, Alejandro. A quien por fin he leído; los libros no son exactamente de 2022, pero técnicamente, covid mediante, sí. He leído dos breves: Bonsái y La vida privada de los árboles, y los recomiendo sinceramente.