Viñas, fe y conocimiento en la Edad Media.
Durante la Edad Media, los monasterios fueron motores esenciales del desarrollo vitivinícola en la península ibérica. Desde La Rioja hasta Galicia, los cenobios impulsaron la plantación de viñedos y mejoraron las técnicas de cultivo y vinificación.
El vino era central en la liturgia cristiana y en la dieta diaria de monjes, legos y campesinos. Las órdenes monacales, en especial la benedictina y la cisterciense, perfeccionaron en España la selección de variedades y los sistemas de poda, y difundieron modelos de trabajo como la plantación a medias o el foro.
Estos centros religiosos, además de custodiar la fe, fueron clave en la expansión agrícola, la dinamización rural y la conservación de nuestra cultura enológica.