El auge, caída y posible renacer del vino mestizo español.
Durante siglos, el clarete fue el vino cotidiano en muchas regiones del interior de España. Más ligero que un tinto, más robusto que un blanco, surgía de la fermentación conjunta de uvas tintas y blancas, mezcladas en viñedos diversos y elaboradas en condiciones prácticas, casi comunitarias.
Su popularidad fue enorme, con nombres locales como “ojo gallo” en Rioja Alta. Pero su ambigüedad estilística y legal lo condenó al olvido. La entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986 lo dejó fuera de la nueva clasificación oficial, y la influencia francesa terminó por borrar su identidad en el mercado.
Hoy, algunos productores intentan rescatarlo. Y en un contexto que valora lo local, lo natural y lo diferente, el clarete podría encontrar un nuevo lugar en la copa del consumidor del siglo XXI.