Ludwig van Beethoven crece sin elegancia social, sin red protectora y con una infancia marcada por el abuso. Pronto demuestra un talento indiscutible, con un carácter difícil de integrar. Un compositor que llega al Clasicismo no para embellecerlo, sino para forzarlo desde dentro. Aprende sus reglas solo para comprobar hasta dónde pueden resistir... Ese impulso atraviesa su obra: en el piano como territorio de afirmación, en la orquesta como espacio mental y en la voz como conflicto permanente. Llega el Romanticismo.
Lejos del héroe monumental, este episodio recorre a Beethoven como proceso: un creador que no compone para agradar, sino para existir. Un obstinado alumno de Salieri, un seguidor desencantado de Bonaparte, un tutor frustrante para su sobrino Karl... ¡Alguien que no escuchó el mundo como los demás, sino que aprendió a oír el infinito!