En 1873, un ya maduro y reconocido Anton Bruckner culminó su idea de escribir una sinfonía para su idolatrado Richard Wagner, quien, por otro lado, apenas contaba con 10 años de edad más que él. Y en un primer encuentro con el genio alemán tuvo la oportunidad inmejorable de dársela en mano, pero, en un episodio propio de cualquier novela cómica, se emborrachó de tal forma que al día siguiente no supo si la que le había gustado era su segunda o tercera sinfonía, pues le había entregado las dos. Tampoco recordó qué le sugirió Wagner al respecto. Pero finalmente, pudo poner sus ideas en orden y estrenarla en Viena en 1877, con el propio Bruckner a la dirección. Sin embargo, pese a lo sobresaliente de su escritura, la práctica totalidad del público asistente salió de la sala antes de que finalizase su ejecución vista la pobre mano que tenía el compositor en el arte de la dirección. Después de aquello, Bruckner se vio en la obligación de llevar a cabo hasta cuatro reelaboraciones de la partitura, siendo la última en 1891. Y sobre la importancia de sus sinfonías en el tiempo que le tocó vivir, el famoso encuentro con Wagner, el análisis de la música y cuáles fueron sus revisiones se hablará en este nuevo documental de Gran Repertorio.