Comienza Mario explicando que los poetas, además de enamorados de la palabra, son muy andorreros. Si precisamente a través del amor filológico nos acercamos a andorrero, vemos que tiene mucha relación con la palabra “andorinha”, Andorinha que son las golondrinas posadas sobre el mirador de Santa Luzia o la Librería Lelo y es que hoy, en "Un poeta en París", viajamos a Portugal. Escuchamos un poema de Mário Cesariny, poeta que decía estar en un pedestal muy alto pues la gente batía las palmas ante él y luego le dejaban yéndose solo a casa y eso, en palabras de Cesariny, es la gloria literaria a la portuguesa. La poeta Maria Quintans le dedicó unos versos después de su muerte. Dice Mario que ella era consciente de que “se llenan los rebaños de poetas”, pero no es su caso ni el de Cesariny, que fue perseguido durante los años de la dictadura salazarista por vivir libremente su homosexualidad en un régimen represivo. Este viaje nos lleva hasta la poesía de Fernando Pessoa, un poeta que desarrolló al máximo la idea de heterónimo y que escribió aquello de que “todo es símbolo y analogía”. Obrero explica cómo la poeta María Joao Centinho se refiere a los antepasados, a los antecesores poetas y civiles y nos habla sobre la figura de Florbela Espanca, una poeta y soñadora salida por completo de los marcos de su generación y de la sociedad de su época, quizá nos pudiera recordar a Renée Vivien, la poeta francesa que nos acompañó hace unos programas para hablar de amor. Del mismo modo, Espanca se suicidó a los 36 años . Finalizamos el recorrido con Sophia de Mello Breyner, última poeta que nos despide, no tanto con unos versos ni con un cigarrillo sino regalándonos, certera y precisa, un gran clavel rojo.