Comienza Mario Obrero explicando que la poesía nos brinda una especie de mensaje, de mandato. Un mensaje algo encriptado, algo diferente, pero al fin y al cabo un mensaje. Si nos fijásemos en las emisoras de ese mensaje hablaríamos de las poetas, pero en el sentido etimológico quien porta un mensaje no es otro que el ángelos griego. Por eso, hoy en "Un poeta en París", hablamos de ángeles, así que nos ponemos las alas proféticas con una melodía antigua, uno de los cantos más famosos de la literatura hispanohebrea que nos abre dos vías muy interesantes para hablar de ángeles: la religión y la historia. En este sentido, cuenta Obrero, un filósofo judío muy amigo de la poesía, Walter Benjamin, define la historia a través de un ángel nuevo. Esta idea del ángel nuevo ya aparece en el Talmud y fue pintada, entre otros, por Paul Klee, que inspira a Benjamin. Mario nos detalla lo que el filósofo escribió sobre el ángelus novus de la historia . Un bendito ángel caído, casi defenestrado, fue el poeta bilbaíno Blas de Otero, aquel que decía “Dios me libre de ver lo que está claro” y “nació de repente, sin recordar si era sol o era lluvia o era jueves”. Pensaba Blas de Otero, poeta comprometido y crítico con la dictadura franquista, que “es hermoso pronunciar la palabra compañero” y, del mismo modo, es hermoso recitar y escuchar su poema “a la inmensa mayoría” por donde revolotean, como avispas, algunos ángeles urbanos y combativos. Visitamos los versos del poemario “no somos ángeles” de Rosario Neira Piñeiro y finalizamos con la poeta rumana Ana Blandiana.