En 2026 estamos entrando en una fase curiosa: la inteligencia artificial se ha vuelto cotidiana, pero casi siempre funciona en la nube. Es decir, lo que escribes, dictas o subes se procesa en servidores de terceros.
Por eso cada vez tiene más sentido hablar de IA local: ejecutar modelos en tu propio ordenador o servidor. No es una moda “maker”. Es una decisión de privacidad, control y coste.
Claves prácticas:
• Privacidad: si el modelo corre en local, puedes evitar que ciertos datos salgan de tu entorno.
• Control: decides qué documentos toca, cuándo y con qué límites.
• Coste: menos dependencia de suscripciones y de cambios de condiciones.
Pero no es magia. La IA local exige disciplina:
• Verificación: un modelo puede “alucinar”, inventar detalles con tono convincente.
• Mantenimiento: actualizaciones, copias y control de accesos.
• Expectativas: a veces no iguala a la nube en tareas complejas, pero puede ser suficiente para lo importante.
Mi regla de oro para tener nuestro modelo privado:
· IA local para trabajar con datos propios (documentos, notas, archivos).
· IA en nube para tareas públicas o de bajo riesgo. Y, siempre, verificar lo crítico.
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