No solo se escucha con los oídos, también se hace con las manos, con la mirada, con el cuerpo, con los gestos, con todo, ya que la música afecta igualmente a nuestros ritmos corporales, en los cuales se inspira. Decía Emile Dalcroze: Todos los elementos de la música son traducibles e interpretables a través del cuerpo. El movimiento corporal y la danza son medios de expresión y comprensión del hecho musical; mediante los juegos de movimiento y el baile expresamos y vivimos el pulso, los acentos, los valores rítmicos, los silencios, la altura del sonido, el timbre, la intensidad, el carácter. Podemos traducir la tensión entre acordes, vivir la forma, reunir la expresión gestual y la sonora en la misma emoción, conseguir, en fin, una sonoridad visible.