Durante la I Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, el rey Alfonso XIII, aprovechando la neutralidad de España durante el conflicto, impulsó desde el Palacio Real un centro de operaciones que logró localizar a miles de desaparecidos y mediar en la repatriación de prisioneros, convirtiendo al país en un faro humanitario en plena tragedia bélica. En la obra La guerra del rey (ed. La Esfera de Libros), Zoran Petrovici, profesor de Historia Contemporánea y de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas y en la Universidad Nebrija nos cuenta el papel clave del equipo del monarca durante este conflicto.
Además, un estudio reciente de la Universidad Autónoma de Barcelona ha aportado nuevos datos sobre la exhibición pública de cráneos en las sociedades íberas. La investigación, que analiza yacimientos clave como Olèrdola o Molino de Alhucema, matiza la visión tradicional: no solo se trataba de trofeos de guerra, sino que, en muchos de los casos, respondía a rituales de veneración local. Un fenómeno en el que comprender la movilidad de estas tribus es clave, ayudándonos a comprender cómo se desplazaban los habitantes de la Península Ibérica en la prehistoria y cómo se relacionaban con otras poblaciones de Europa.