El vatio es la unidad de potencia en el sistema internacional y equivale a la cantidad de energía en julios que es convertida, utilizada o bien disipada en un segundo. Esta unidad refleja lo que ha sido la historia de buena parte de la ciencia moderna, como explica Antonio Colino, miembro de la Real Academia de Ingeniería. Su nombre es un homenaje al ingeniero, inventor y constructor de instrumentos escocés James Watt, por su contribución al desarrollo de la máquina de vapor, uno de los desencadenantes del inicio de la Revolución Industrial. El vatio fue adoptado como unidad de potencia por el Segundo Congreso de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, en 1889. Y sería reconocida como tal por el Sistema Internacional de Unidades en la Novena Conferencia General de Pesos y Medidas, celebrada en 1948.