Hace miles de años el ser humano descubrió que podía obtener vino de la fermentación de la uva, transformar la leche en queso y producir cerveza fermentando soluciones de malta y lúpulo. A lo largo de la historia, se practicaron esas técnicas sin conocer los detalles de los procesos ni de los microorganismos implicados. Hubo que esperar a las investigaciones de Luis Pasteur, en la segunda mitad del siglo XIX, para demostrar que eran consecuencia de la actividad microbiana.
El avance de la ciencia y la tecnología ha permitido desarrollar recipientes en los que se pueden hacer crecer microbios, células y tejidos con fines de investigación básica o médica o con aplicaciones industriales. Son los llamados biorreactores. Con Manuel Doblaré, catedrático de Medios Continuos y Teoría de Estructuras de la Universidad de Zaragoza y académico de la RAI, hablamos de su historia, características, tipos y aplicaciones.