Soy ludópata y no quiero ningún décimo de lotería. No puedo ni quiero jugar. Gracias.
Estas fechas son un reclamo constante para jugar, para comprar un décimo de lotería por lo menos. Salir a la calle es tropezarse con décimos por todas partes y los anuncios que incitan al juego están omnipresentes. Y eso es una tortura para una persona enferma, para una persona ludópata. Sobre todo, si está en fase de rehabilitación o de mantenimiento. Es una persona que tras mucho esfuerzo, está en la lucha por no caer en la tentación convertida en adicción que le ha destrozado la vida y, en muchos casos, le ha dejado sin familia y en la ruina.
Son muchos años los que van a terapia hasta aceptar que tienen una enfermedad que no se cura pero de la que sí se pueden rehabilitar. Y para sus familiares tampoco resulta fácil. Son víctimas en primera persona de las consecuencias que tiene el juego en sus seres queridos.
He asistido a Asejer, la asociación sevillana de jugadores de azar en rehabilitación una vez más, porque el protagonista al que hemos estado acompañando a terapias desde el inicio para rehabilitarse ya está en la fase de mantenimiento. Hemos estado con él y sus compañeros y compañeras (ludópatas y familiares) en la terapia colectiva dónde hablan de sus miedos, de cómo están y de cómo viven esta nueva fase.
Hemos participado como si fuéramos uno más. Me he sentado con ellos y he escuchado porque ellos hablan desde el alma, sin tapujos. Fuera en la calle, es distinto. Reconocen que se sienten estigmatizados y en estas fechas todavía más. No se les respeta cuando ellos dicen que no quieren jugar a la lotería o que, por favor, no les hagan partícipes de compras colectivas o familiares. Parece que no se entiende que para un ludópata un décimo de lotería es lo que una copa para un alcohólico. No existe la misma percepción y eso les duele porque ellos se esfuerzan en quedarse al margen del juego. Ahora nos toca a nosotros, a la sociedad entender su problema y respetar su decisión. Incluso deberíamos apoyarles y que sintieran nuestra complicidad y nuestro apoyo.