Ser árbitro es todo un reto para los chicos porque saben que en el campo van a ser las cabezas de turco de unos y otros. (03/10/10)
Ser árbitro es todo un reto para los chicos porque saben que en el campo van a ser las cabezas de turco de unos y otros. Siempre habrá alguien descontento con sus decisiones que le dirá una palabra malsonante en el mejor de los casos, sobre todo si son jóvenes y arbitran partidos de segunda o tercera división o de juveniles. Pero si a esta situación le sumamos el hecho de ser mujer, entonces los insultos son crueles. Porque hay árbitros mujeres que se arman de valor para pitar un partido en un campo de fútbol y tienen que aprender a hacer oídos sordos a palabras necias. Pero han de ser fuertes porque todavía es un mundo de hombres con muchos prejuicios machistas. Unos prejuicios que salen de las gradas casi siempre porque en su colectivo son muy respetadas, son uno más en los entrenamientos y en el campo.
Ser árbitro es sinónimo de sacrificio y renuncia, sobre todo para las mujeres que , incluso, llegan a plantearse la maternidad porque prefieren seguir su carrera de árbitro. Renuncian a tener hijos en algunos casos y sufren esta vocación cuando se trata de mantener una pareja sentimental. Les cuesta encontrar a un hombre que entienda que ellas viven en un mundo de hombres, que viajan entre semana o los fines de semana y que necesitan muchas horas de entreno. A las mujeres de los árbitros hombres también les cuesta pero aguantan. Quienes lo pasan fatal son las madres y padres y de estos jóvenes árbitros porque no saben si saldrán ilesos del próximo partido que arbitren. Una realidad poco conocida y nada reconocida la del árbitro y menos la del árbitro femenino. (03/10/10)