Localizamos a Jose Enrique, al norte de Polonia, entre fríos y nieblas de la Europa del Norte, cada vez más cálida, cada vez menos fría. Rodeado de bosques, de ciervos y de gamos. Viajará pronto hasta los salones de L'Hermitage, y contemplará ese piano de Oleg Karavaichuk que ya no volverá a sonar con la música de este músico que Andres Duque inmortalizara. Y después a Serbia, al festival de Emir Kusturica, en Küstendorf Film & Music Festival, donde enseñará su último trabajo. La conversación con José Enrique fluye por todos los bosques: las razones de su exilio polaco, la línea Lötz de su cine, paseo por los cineastas polacos (de Andrzej Wajda a Lech Majeski, de Roman Polanski a Krzysztof Kieslowski y así hasta ir definiendo la textura del cine de José Enrique Iglesias Vigil, bellísimo cine que los productores españoles desconocen y si lo conocieran, pedirían corriendo su teléfono. Tiene la sorpresa de Majeski, la luz de Vajda y la transparencia en los planos de Polanski... Claro que esto lo ve Kusturica pero nuestro país tan sólo Cienfuegos apostó por él. (27/12/2016).