Dos millones de mujeres fueron asesinadas entre el siglo XVI y el siglo XVII acusadas de brujería. Se decía de ellas que podían transformarse en cualquier cosa, ocasionar desastres naturales o volar. Y se desató una fiebre que llevó a muchos hombres a beneficiarse de un oficio muy lucrativo, el de los cazadores de brujas que "exigían dinero o favores sexuales a cambio de no acusarlas". Cualquier acusación, incluso la de un niño valía para señalarlas. Y entre las puebas que les hacían para descubrir si eran brujas estaba picharlas por todo el cuerpo con punzones y si no sangraban en algún punto es que eran brujas o tirarlas al agua, si flotan eran brujas y si no, se ahogaban. Además, la peste negra se extendió por esta fiebre de la caza de brujas. "Mataron a todos los gatos puesto que se decía que las brujas acudían al aquelarre transformaban en gatos. Las ratas proliferaron y la peste asoló Europa". Así lo asegura Eugenia Rico, autora del libro El camino del diablo (30/05/14).