El este Las trampas de la noche03/02/2011

Con la caída de la noche se nos abre un espacio y un tiempo que idealmente dedicamos al descanso. La actividad amaina; quien más quien menos llega a puerto. Pero con demasiada frecuencia, la llegada a puerto no es sinónimo de reposo. Las tempestades que se desatan en la noche en nuestro interior suelen ser las más virulentas, las más ponzoñosas. Son interminables las noches en blanco en las que el tiempo arrastra los pies como si anduviera por el lodo. El aliento se torna suspiro, el ceño pesa y las miradas furtivas a las implacables manillas del reloj son incesantes, como si fuera a amanecer antes si miramos más veces. Quien ha pasado al menos una noche en blanco en su vida, sabe de qué estamos hablando. Al llegar el día, el rastro de la noche se refleja en la mirada. Y, si hemos estado de fiesta, también. Sea como sea, la música es siempre una compañera afable y bienvenida. (03/02/2011)

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