A Many Moure le tocó vivir el cambio. Su vida entera es cambio. Nacido en Vigo, criado en un pueblecito junto a la Selva Negra de Alemania, espabilado en los años de La Movida madrileña, afincado un rato en Colombia y, de nuevo, aterrizado en Madrid, fala un gallego-germánico, que le va ajuego con las camisas hawaianas que le gusta lucir. El paso por una banda como los Toreros Muertos hace mella. Y de la buena. Sin duda, yo me la tomaría con él y con Pablo Carbonel. Tampoco sería difícil porque los tres toreros siguen en activo, aunque cada uno maneje sus propios proyectos por separado. El caso es que Many Moure vivió el cambio. Pasó de colgarse el bajo sobre una chupa de cuero y lucir pelo largo a plantarse una corbata finísima sobre una camisa mal planchada. Eran tiempos en los que España entraba en la pos-modernidad y, eso, había que vivirlo y contarlo. Las guitarras pesadas y las letras protestonas dejaban paso al neón y a los colores. Y ahora está empeñado en demostrar que la poesía se puede bailar y hasta se puede sonreir ante el verso atronador. Y acaba de publicar un libro-disco, en el que pone música a nueve poemas de Nicolás Guillén, la voz poética de Cuba. Pincha el enlace y compruébalo. No todas las lecciones de historia musical son un... tostón.