El canto de las sirenas Snegurochka, la doncella de nieve03/01/2016

Hace muchísimos años, en una pequeña aldea de una región muy lejana de Rusia, vivía un matrimonio, felices en su hogar, pero con el constante anhelo de tener un hijo.

Imploraban fervientemente a Dios y consultaron a cuantos magos conocieros, sin llegar nunca a hacer realidad su deseo. Vivían siempre entristecidos, lamentando no haber tenido el anhelado hijo, sin encontrar aliciente en nada. Les provocaba envidia mirar a otros niños, con el enorme pesar de que no fueran hijos suyos.

Así llegaron a viejos sin lograr el sueño de su vida y sintiendo una enorme soledad.

Una mañana de invierno, contemplando tras los cristales el blanco paisaje nevado, se fijaron en unos niños de la aldea, mientras jugaban con la nieve, haciendo figuras y casitas. Permanecieron allí sentados durante horas, mirando cómo jugaban aquellos niños. Se disgustaron más que nunca por no haber tenido un hijo al que ver jugar con los otros niños de la aldea.

Obsesionado por la idea, el hombre se volvió a su mujer y le dijo:

- ¡Vayamos fuera y hagamos una niña de nieve! ¡Será como la hija que nunca tuvimos!

Sin pensarlo demasiado, salieron a la calle y, amontonando una gran cantidad de nieve, comenzaron a modelar con sus manos un muñeco de nieve. Con toda la paciencia del mundo, hicieron poco a poco la figura de una niña con tanto detalle cómo pudieron, formando cuidadosamente con los blancos copos sus manos y sus pies, su pequeña y bonita nariz, su boca, su barbilla, incluso su largo abrigo.

Consiguieron que quedara tan perfecta que, tras darle los últimos retoques, la estuvieron contemplando extasiados durante un largo rato. Apenas habían terminado, cuando, de repente, contemplaron llenos de estupor como los labios de aquella niña de nieve comenzaron a volverse muy rojos y comenzaron a abrirse sus grandes ojos azules. Advirtieron como aquella figura cobraba vida y comenzaba a moverse. ¡La niña de nieve tenía vida!

La niña sonrió cálidamente, se sacudió los blancos y fríos copos de su abrigo y salió de la nieve convirtiéndose en la hija con la que siempre habían soñado.

La vieja pareja se la llevó inmediatamente a su cabaña donde la cuidaron con todo el mimo y cariño que pueda imaginarse, viviendo entonces felices, contemplándola y disfrutando de su presencia, viendo como aquella niña crecía rápidamente, llegando a convertirse en muy poco tiempo en una mujer de belleza prodigiosa.

La llamaron “Snegurochka”, la doncella de nieve.

TCHAIKOVSKY: Música incidental “Snegurochka” para solistas, coro y pequeña orquesta, Op. 12. (selec.). Vsevolod Grivnov (tenor), Annely Peebo (mezzo-soprano), Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio de la MDR de Leipzig. Dir.: Kristjan Järvi.

El canto de las sirenas
Más opciones