Goliarda Sapienza nació en 1924 en una familia italiana profundamente política, educada fuera de los márgenes convencionales y marcada desde niña por la disidencia y el pensamiento crítico. Su vida atravesó algunos de los territorios más incómodos del siglo XX: el fascismo, la posguerra, la militancia, la creación artística y la exclusión. Fue actriz de teatro y cine antes de volcarse por completo en la escritura, pero nunca encontró un lugar estable en los circuitos culturales ni editoriales de su tiempo.
Tras la muerte de su madre sufrió una grave crisis personal que la llevó a intentos de suicidio y a internamientos psiquiátricos, experiencias que transformaron su mirada y su obra. Vivió largos periodos de pobreza y rechazo editorial, convencida de que su escritura no debía adaptarse para ser aceptada. En los años ochenta fue encarcelada por robo, una vivencia que convirtió en materia literaria sin victimismo ni moralismo.
Murió en 1996 sin reconocimiento público, pero su obra fue redescubierta después y hoy se considera fundamental para entender la literatura europea contemporánea. Su vida y su escritura forman un mismo gesto: el de no renunciar nunca a la libertad interior, aunque el precio fuera altísimo