En esta ocasión tenemos en el estudio sobre memoria y retos de España a un náufrago, una de esas personas que un día se pierden en el mar y luego pasan mucho tiempo rodeadas de agua o en una isla desierta. Eso dice él, que a veces hace cosas propias de los náufragos, y de ello tengo buena prueba documental en forma de libro. Nuestro visitante no es Robinson Crusoe, pero comparte con este personaje literario el afán de aventura y muy probablemente el deseo de una larga supervivencia. Se trata del periodista y escritor Pedro García Cuartango (Miranda de Ebro, 1955), cuyo desafío a la naturaleza ha consistido en escribir un libro titulado “El enigma de Dios”. Creo que lo ha escrito para retarse a sí mismo, para comprobar si era capaz de explicarnos el fenómeno de su angustiada serenidad en busca de respuestas a preguntas que nadie ha podido contestar con seguridad, salvo que le guíe la fe. En su libro nos cuenta su sosegada inquietud ante el misterio de lo divino, deseoso de encontrar certidumbres a sabiendas de que jamás las hallará. Hemos recorrido sus páginas con curiosidad, desasosiego y a veces sin aliento. No en balde es un vicioso del cine de suspense, ahora implicado en una persecución, la que emprende tras las huellas de Dios, quien tuvo que ser nuestro creador para que todo pueda tener una explicación. De ahí la comparación con el náufrago, porque Pedro nos revela que su iniciativa también tiene cierta voluntad de trascendencia en forma de botella lanzada al mar con un mensaje y con la esperanza de que “mis hijas y mi nieta lean estas líneas y sean capaces de entender”. ¿Y qué es lo que tienen que comprender? Nada menos que una revelación, la de aquella serena angustia a la que hemos aludido, que experimenta nuestro invitado, Pedro, indagando en el pensamiento de los grandes filósofos, clásicos y contemporáneos, para contarnos su larga travesía vital, la de un agnóstico necesitado de saber si en verdad existe el bien absoluto y podemos llamarle Dios.