Es maestro de hapkido y taekwondo y hace unos años que ha visto su sueño cumplido. Creció en un barrio humilde en los años 80 cuando la droga se veía en las calles. Y en el colegio le increpaban y su hermana le defendía hasta que un día el taekwondo le dio la seguridad suficiente para enfrentarse a uno de los compañeros de clase que le molestaba. Ese día Paco se hizo respetar y él aprendió que no tenía que dejarse machacar por nadie. Tuvo que trabajar desde joven y no pudo estudiar pero nunca dejó sus artes marciales. Hizo la mili en Córdoba, su ciudad natal y luego siguió trabajando en lo que podía pero siempre con ese sueño de fondo. Actualmente tiene su propia escuela de artes marciales Kukkiwon Doyan donde además de taekwondo o hapkido, entre otras, se aprenden valores. Pero su sensibilidad con la igualdad de género y el respeto hacia las mujeres también ha estado siempre presente en su vida desde adolescente cuando defendió a más de una amiga porque sus parejas no las trataban como debían. Ahora es técnico del departamento de igualdad y deporte de la federación andaluza de taekwondo y hapkido y da cursos de defensa personal a mujeres vulnerables que están siendo maltratadas o que ya han logrado escapar de ese infierno pero necesitan sentirse seguras. Con Paco y Carmen que es su compañera profesional y de vida aprenden técnicas para defenderse y evitar ser agredidas o, en el peor de los casos, para salir corriendo de una agresión.