Construyendo memoria Deborah30/03/2022
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Es una mujer transexual que ya tiene 83 años y nació en el seno de una familia amiga del dictador donde se rezaban rosarios a diario varias veces y se convivía con sacerdotes a todas horas. Un entorno en el que no le permitieron ser el niño de entonces que se sentía libre para jugar con muñecas y que no comprendía por qué su hermana sí podía y a él se le reprimía constantemente. Tiene grabada a fuego la frase: “Tú no con eso no“ pero nunca le dieron ninguna explicación ni le preguntaron qué sentía. Tuvo que convivir con un matrimonio que estaba las 24 horas pendiente de sus actos. Se trataban del tato y la tata, como ella los reconoce. Él la controlaba en la calle y la mujer se ocupaba de su comportamiento dentro de casa. De hecho, Deborah los compara con la Gestapo por el seguimiento que le hacían. Aguantó hasta los 14 años cuando un día se fue de casa. Le dijeron que tuviera suerte y nunca le pidieron que volviera ni se preocuparon por su vida. Decidió irse a Barcelona pensando que allí todo sería diferente. Pero llegó a las Ramblas y se quedó durante 6 días durmiendo en un banco sin comer nada porque no tenía dinero. Por allí pasaban decenas de personas al día que la miraban, pero nadie le ofreció ayuda. Hasta que una noche una prostituta se apiadó de ella y se la llevó con ella a su casa y al burdel dónde ejercía. Deborah recuerda que todas las mujeres allí estaban muy pendientes de ella y que le cuidaban, incluso la dueña del burdel hizo la vista gorda porque siendo un menor no podía estar por allí. Pronto encontró un lugar dónde vivir y empezar a trabajar. Su periplo por la vida no fue fácil. Pero logró salir adelante poco a poco, incluso se presentó para ser paracaidista en Canadá y demostrar, como cuenta, que "como hombre podía ser el mejor de todos" pero luego trabajando en un cabaret internacional con su propio número durante años y viajando por todo el mundo también quiso demostrar que podía ser "la mejor de las mujeres". Una vida de película que recuerda con su mente lúcida y sin tomar ni una pastilla ni para dormir ni para el colesterol tan siquiera. Está como una rosa y se siente realizada a pesar de recordar con nostalgia los años más felices de su vida cuando vivió en una especie de corrala dónde sintió el calor y el cariño de la familia que nunca tuvo.

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