A veces olvidamos que la música es algo más que un single de moda. Tiene cuerpo, alma, cabeza y extremidades. En estos tiempos de sobresaturación musical se ha perdido el hábito de escucha original. Se escogen canciones al azar, y el oyente se ha desentendido del grueso de una obra... de lo que mueve la música. Los discos son como los libros. No basta con escuchar una sola canción o leer un solo capítulo. Tienen su propia personalidad.
Supongo que por eso he escogido para comenzar este aullido que no cesa una obra maestra del año 1969... un disco que conmovió a su generación, popularizó una nueva manera de componer y percibir las grabaciones, puso sobre la mesa los miedos más personales de su creador y acabó incluso convertido en una película musical.
El disco se llama Tommy, y tras él estaba el enorme talento musical de The Who.