"Mundo, demonio y carne", el último álbum de Los Brincos, aún hoy se recuerda por piezas magnéticas como "Vive la realidad", "Jenny, la genio", "I don't know what to do" o la propia "Mundo, demonio y carne", ninguna de las cuales llegó a calar entre sus antiguos seguidores ni a entusiasmar a su discográfica o a una crítica complaciente y huérfana de criterio. Además, el LP sufrió las iras de la censura, que obligó a cambiar la portada diseñada por Arbex, donde aparecían los músicos con el torso desnudo. Finalmente, se editó una pintura del impresionista chileno Claudio Bravo que mostraba un cerebro en descomposición. Por fortuna, a los censores no se les pasó por la cabeza que quizá aquel dibujo pudiera ser una clara referencia a sus propios cerebros calenturientos.