Antonio Machín, con esa voz de verdadero tenor operístico, rompió la barrera del color en aquellos lejanos tiempos de racismo lamentable y extremo.
En sus primeros años de carrera se convirtió en uno de los más reconocibles embajadores musicales de Cuba en Estados Unidos, y posteriormente en Europa, y, tras una primera y fugaz etapa francesa, recaló y se afincó definitivamente en España, donde Antonio Machín se erigió en una estrella muy conocida de nuestra música popular en las décadas de los 40, 50 y 60, con un amplio repertorio muy cubano, claro, sobre todo de boleros, género del que fue un consumado especialista.
Sin duda, una figura fundamental en la historia de la música cubana y española, que no siempre es recordada como tal, pero nosotros siempre reivindicaremos a Don Antonio Machín.